¿En qué puedo pensar ahora?

Valencia

9 mayo — 27 junio 2025

Pintar a braza

La sensibilidad de la época promueve que cada cual en sus acciones y en sus hábitos, se adhiera al otro. Un aura misteriosa que hace compartir de una forma no consciente, los sueños y las miradas diversas.

Elena Núñez está atenta a la propensión de las cosas. También le mueven los sentimientos, los afectos, los humores, y otras dimensiones no racionales que ayudan a que su trabajo se manifieste en la cotidianidad. En la efervescencia de la vida cotidiana, la intensidad del presente le posibilita la expresión de una continua readaptación. Una resistencia a las convicciones establecidas, que le incitan a un deseo de elaboración.

Elena Núñez presenta su trabajo bajo un sentir en forma de pregunta, ¿En qué puedo pensar ahora?. La neurociencia nos responde que el cerebro bombea pensamientos como el corazón bombea sangre o los pulmones oxígeno. Es su función. De hecho, la persistencia en su trabajo y una curiosidad entrenada, le conducen a propagar en su taller y en su mente distintas propuestas para una atención sostenida. Opciones que su cerebro lanza para poder vivir una situación de vida. Propuestas que le llevan a asumir consecuencias metodológicas como fenómeno procesual. Un espacio y un tiempo que le permiten que la aparición de lo improbable se instale como causa de deseo. Lejos de posiciones estratégicas u operaciones de cálculo, Elena Núñez no pretende confeccionar un discurso y tampoco está dispuesta a alimentar ningún tipo de inercia que pueda bloquear su proceso en el taller. En su trabajo, se preocupa más de cómo se determina un proceso para ofrecer un resultado , que idear y predeterminar cómo será dicho resultado.

Es una recolectora de signos; libros, referencias, objetos o imágenes con las que va adquiriendo algún tipo de vínculo. Trata de dilatar la potencialidad de dichos signos y espera que algo se despierte entre ellos: un roce, un detalle o cualquier síntoma que afine una vibración. Aquí, la artista hace de radar.

En realidad, lo que ella busca es una fuga, evitar que todo se cierre. Con frecuencia sus dibujos y sus pinturas se hallan en operaciones de trasvase, en desplazamientos que remiten a la vida y a la experiencia más que a la representación. El tacto y ella, interpretan aliento y conciencia, en busca siempre de un deseo que aunque sea por un instante, consiga colarse en los pliegues del espacio. Elena Núñez, es una pintora que plantea cada cuadro como si fuera la superficie útil de una vivienda. Afila los límites de cada obra y aborda su espacio trazando pasillos, mediante cerramientos con cinta adhesiva, que siempre traiciona. Entre geometrías y formas; blandas o duras, el acontecimiento se abre paso dentro de contornos entreabiertos, con y sin repasos. Estos perfiles, resultan de un proceso acumulativo, donde las distintas capas de pintura crean una estratigrafía casi arqueológica.

La autora nos invita a generar una coreografía que pueda potenciar la interacción entre el espacio expositivo y su trabajo. Su pintura comprende a un espectador que entra y sale de una de las cuatro distancias espaciales que el antropólogo Edward T. Hall denominó en su teoría proxémica como “distancia íntima”, con un margen de proximidad, de quince a cuarenta y cinco centímetros. Un tramo espacial destinado al primer plano, que nos transporta al terreno de las vistas aéreas y a un levantamiento topográfico que ofrece, sin duda alguna, «la alta definición» de la propia realidad. Donde el observador puede apreciar la dicción de su pintura y rastrear las diferentes capas que la obra acumula, a veces tan finas como la de un anfibio.

Elena Núñez es una pintora que se preocupa de mantener la temperatura de sus cuadros bajo control, a la vez que destaca en ellos una aparente transitoriedad, en respuesta a un proceso continuamente en movimiento. Lo percibimos en títulos como «transportando amarillo» donde la artista indica que algo está siendo. Cuadros directos y con cierta crudeza, características propias de una pintura que no mira atrás. La profusión de detalles deja entrever el proceso y produce un conjunto orgánico. Una especie de vida vegetativa donde el contenido de verdad, puede captarse a través de los más insignificantes detalles de la obra. Lo vemos en «exigencias previas», un cuerpo salpicado de pertinentes matices que asoman desde el fondo blanco de la obra para crear un campo propio, una luz que se refleja en la pintura negra y se transforma como acontecimiento. El azul, recorta y muestra una especie de mensaje anónimo que lucha por definirse. Formas que se resisten a permanecer serenas en el interior de sus celdas. Palabras y letras sobredimensionadas que se distorsionan entre sí, a la espera de poder insertarse en el deseo del espectador.

La exposición recoge un trabajo realizado a través de una intensa vocación vincular. La astrologa Silvia Neira nos dice en relación a la inteligencia vincular, que se encuentra en consonancia con nuestra parte femenina. Una sensibilidad que comprende el cubrir, rodear, sumar, empatizar, o cómo podemos responder a cualquier situación de vida. Elena Núñez, confía en su naturaleza femenina, el pegamento que le permite registrar más, resonar mejor y huir de la mismidad. Una artista que experimenta el proceso de alteridad, mientras su trabajo nos revela, que pintar abraza.

José Ramón Amondarain
Artista

 

Con la colaboración de