EXPOSICIÓN ACTUAL
Tejer en el amanecer del sueño
Para la conferencia Leyendas para una nueva tierra (1988), Ursula K. Le Guin se colocó en el centro del mundo, como si fuera la “Abuela araña” concibiéndolo desde dentro, como en el ejercicio del arácnido tejiendo. Escribió aquellas líneas inspiradas en el origen del mundo según el pueblo hopi. En él la diosa Tierra, encarnada por una mujer araña, moldeó a los seres con arcilla. Pero al ver que no eran capaces de respirar ni de moverse llamó al dios sol, Tawa. Ambos extendieron una manta blanca sobre las numerosas figuras, una manta hábilmente tejida que era suave como una nube. Entonces, formularon un poderoso conjuro sobre ella y las figuras agitándose inhalaron aire llenándose de vida. Allí, bajo ese manto tejido, la humanidad durmió para renacer en una nueva tierra. La mujer araña que teje un mundo o la abuela-araña que protege a los humanos bajo su manta son figuras empleadas por diferentes cosmogonías que han alimentado nuestros relatos sobre los principios del mundo hilando historias sobre Tierra. La literatura de Ursula K. Le Guin está plagada de estas arácnidas que encarnan la creación, el saber hacer mediante la artesanía, la escritura y los relatos fabricados mediante el entrecruzamiento de hilos lanzados que se van buscando para formar patrones. Entonces, la araña es pensada como una artista.
Hilando el vellocino del sol, el copo nebuloso,
tejiendo una mirada y un gesto,
moldeando la arcilla de la emoción:
haciendo las tareas del hogar. Haciendo patrones.
Siguiendo patrones.
Allí tumbada a la hora de soñar
siguiendo patrones (2017, 396).
Enrollada en una mantita en la noche que da luz al día viajaba Sarah Viguer Cebriá en un R5. En ese duermevela la niña soñaba encontrarse con la tierra que anhelaba. Un lugar creado a partir de historias, leyendas, folclore y recuerdos familiares en los que se columpiaba como “en un hilo de araña hacia lo desconocido” (2017, 308). Una tierra sobre la que más tarde ella misma crearía una ficción en la que habitarse.
En Retales Altares Telares, primera exposición de la artista franco-española en la galería Vangar, se recoge una serie de trabajos realizados ex-profeso donde indaga sobre sus orígenes valencianos. Durante largo tiempo, Sarah ha asistido a capítulos de crisis geográfica preguntándose sobre cómo podría vivir una identidad valenciana cuando la mayor parte de su vida la ha pasado en el extranjero. Es decir, desde un sentido diaspórico. Donde, como afirmara Stuart Hall, no se trata tanto de construir una identidad, sino de imaginarla. Junto al teórico cultural jamaicano, además, podríamos preguntarnos sobre cómo generar una imaginación de la identidad valenciana en una época global. Sarah Viguer Cebriá urde firmemente la trama en su telar para confeccionar una imagen fantasmática preñada de recuerdos que le han sido contados por sus familiares valencianos, fotografías antiguas, retales de telas de vestidos de valenciana obtenidos en la Compañía de la seda, zapatitos con tacón en cerámica realizados en Manises junto a los joyeros de la abuela, y peinetas de la orfebrería clásica levantina. Todas estas piezas fabrican una automitobiografía de la artista. Tres retablos, como aquellos medievales que albergaban la hagiografía cristiana, se abren con lujosas telas. En el centro se narra un capítulo especial en la historia de la familia. La alquería del desahucio alude al desarrollismo español en época franquista y la expropiación del hogar de tantísimas familias a lo largo de las últimas décadas. La niña de mis ojos pareciera un autorretrato ficcional de la artista en su infancia, como una muñequita que abre sus ojos a la vida en Valencia, a las fallas, a las tradiciones. La Valenciana hace referencia al hotel de Montanejos conocido por sus aguas termales que proveen de efectos curativos. Allí eran llevadas mujeres de todas las edades por prescripción médica para encontrar la paz mental en sus extravíos psicológicos.
Existen múltiples similitudes entre el tejido, el sueño y el relato, pero todas convergen en una imaginación vívida. Pues, tejer es soñar, es crear patrones a partir de imágenes soñadas. Entonces, ¿qué tecnologías de la memoria están en juego cuando el sueño prevalece? Tejer es cuidar. En sus telares teje imágenes que confunden la noche con el día, y la niñez con la edad adulta (Muñeca-telar para amanecer y Muñeca-telar para anochecer). Teje redes con otras realidades creando aquello que Benedict Anderson (1993, 23) definió como “comunidades imaginadas”: artefactos culturales y políticos diseñados para crear imágenes mentales en comunión, en comunidad. Aquí el apego a un sistema de arraigo sentimental va más allá de los “objetos testimoniales” que Marianne Hirsch sostuviera para una apuesta por la posmemoria. Cortinas de metal que componen de forma lábil, movediza y evanescente la imagen de la flor de la lana o del R5. Son portales hacia otra dimensión emocional. Algarrobas, castañuelas y pétalos de flores. Todos formando ex-votos, “reliquias seculares” que, como indicara Walter Benjamin, inundan nuestra querencia en un mundo desacralizado y que, en este caso, unen Valencia, el Santo Cáliz y las cadenas del puerto de Marsella (Cadena-cuchara del Santo Cáliz). Estos activan una fuerza fabuladora transformando los objetos en nuevos patrones para la memoria. Así, un imaginario fantástico de seres mitológicos, murciélagos protectores que se transforman en vírgenes a las que adorar, repletos de cristales, perlas de vidrio y cuentas de un rosario, abren un itinerario hacia una propia fe (La Virgen del Murciélago #1, #2, #3, #4 y #5). Entre recuerdos familiares donde las mujeres adquieren una gran presencia como guardianas de la tradición y la sabiduría popular, la artista nos ofrece nuevos rituales folclóricos, hijos de la imaginación, de la hibridación y de la esperanza. Los misteriosos fantasmas en la huerta, los animales fantásticos, surcan de nuevo los caballones de tierra. ¿Quién saldrá a cazar entre naranjos esas criaturas de la entelequia? Son gambusinos tejidos (Gambusino Levante) con hilos que traspasan las tecnologías de ultramar que la artista aprendió en otro país, en otro continente; urdidos por las historias de un pasado otro, en un presente este que traza nuevos patrones, como los de la araña, pensando en futuro.
Johanna Caplliure
Universitat Politècnica de València
Referencias
Anderson, B. (1993). Comunidades imaginadas: Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. Fondo de Cultura Económica.
Hall, S. (2003). Pensando en la diáspora: en casa, desde el extranjero. En C. Jáuregui (Ed.), Heterotropías: narrativas de identidad y alteridad latinoamericana (pp. 477–500). Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana.
Hirsch, M. (2021). La generación de la posmemoria: Escritura y cultura visual tras el Holocausto Editorial Carpe Noctem.
Le Guin, U. K. (1988). Legends for a New Land: Guest of Honor Speech at the 19th Annual Mythopoeic Conference. Mythlore: A Journal of J.R.R. Tolkien, C.S. Lewis, Charles Williams, and Mythopoeic Literature, 15(2), Artículo 1.
Le Guin, U. K. (2017). Contar es escuchar: Sobre la escritura, la lectura, la imaginación Círculo de Tiza.