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LLuc Margrau – Cartografías Humanas

20.09 – 09.11.2019
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ELOGIO DE LOS MAPAS

No sabemos vivir sin mapas. Nos sentiríamos en medio de ninguna parte. Los mapas son una forma de representar el mundo, de darle sentido. Señalan donde estamos y donde queremos llegar. Más que su copia abreviada, son mediadores, espacio de diálogo entre el mundo exterior y el interior. Los mapas nos permiten viajar mentalmente a través del espacio. Están abiertos a la colaboración del lector: “mediante una inevitable asociación de ideas y superposición de imágenes, completamos automáticamente con el pensamiento todo lo que falta”, señala Luigi Ghirri. Todo viaje es un viaje a través de uno mismo.

Las cartografías de Lluc Margrau no evocan mundos lejanos o exóticos, sino el mundo que tenemos más a mano, el territorio que habitamos y transitamos. Mediante el juego de espacios y tiempos, el artista explora la confrontación que se produce entre el entorno próximo y su contexto, diferente en cada caso, y que necesariamente influye en el proceso.

La obra que abre la exposición, “Cartografías humanas” surgió tras una sensación de extrañeza, de desubicación. Fue el primer fruto de este proyecto, que constituye en cierta medida la crónica visual del itinerario seguido para orientarse. A partir de los códigos cartográficos y las coordenadas de las ciudades donde ha residido desde entonces, el artista reconstruye la geografía heterodoxa de esta travesía. La ciudad es el hábitat natural para la mayoría de nosotros. En “Arqueologías urbanas”, dos trabajos realizados a raíz de una estancia del artista en la ciudad norteamericana de Utica, la ciudad viene representada como un escenario fragmentario y cambiante, una superposición de ciudades. Ambas obras parten de una estructura simple basada en módulos que el espectador puede reformular. ¿Acaso las ciudades- parecen señalar- no son sino las huellas que sus habitantes han ido reescribiendo sobre otras huellas a lo largo del tiempo?

Cartografíar el espacio doméstico, el escenario más íntimo y conocido, implica contemplarlo desde otra perspectiva, entenderlo, y entenderse, mejor. Las 3 piezas que componen la serie “Atlas” responden a este propósito. Se despliegan en el espacio jugando tanto con las formas como con el vacío que delimitan para atrapar la respiración visual de la casa, el lugar donde “habita el corazón”, según Plinio, su verdad esencial.

Las obras de la exposición requieren de la participación del espectador para alcanzar su pleno sentido. En algunas, la interacción se produce manipulando las obras y en otras, en el movimiento del espectador para contemplarlas. Este, a su vez, en su transitar automático por el espacio, genera su propia cartografía y lo hace suyo. La luz es parte esencial de los grabados de metacrilato y los de papel gofrado. Con su aliada, la sombra, dibuja una realidad ambigua e inestable. Distorsiona las formas, crea vacíos, difumina los puntos de referencia, nos hace dudar si percibimos la realidad o su sombra, o que nos preguntemos sobre el estatuto de esta última. Nos recuerda, en suma, la naturaleza engañosa de los mapas. Ya sabemos que los mapas son la apariencia del mundo, es decir, mentira. Pero necesitamos sus mentiras, como necesitamos las del arte, para que el mundo sea creíble. Para que nos entreguen un poco de verdad que nos dé cobijo.

Toni Picazo